Ondas de Choque: densidad de flujo de energía e intensidad terapéutica

Qué es la densidad de flujo de energía (EFD)

La energía aplicada durante un tratamiento con ondas de choque se mide mediante la Densidad de Flujo de Energía (Energy Flux Density o EFD), expresada en milijulios por milímetro cuadrado (mJ/mm²).

Este parámetro permite cuantificar la energía que recibe el tejido y es uno de los factores más importantes para determinar la intensidad del tratamiento.

Aunque los límites pueden variar ligeramente según los autores, la literatura científica suele clasificar la energía en tres niveles principales.

Clasificación de la energía en ondas de choque

Nivel de energíaDensidad de flujo de energía
Baja energíaMenor de 0,08 – 0,10 mJ/mm²
Energía mediaEntre 0,10 y 0,20 mJ/mm²
Alta energíaSuperior a 0,20 – 0,28 mJ/mm²
Rango habitual de tratamientoGeneralmente por debajo de 0,60 mJ/mm²

Cuándo se alcanza una intensidad terapéutica eficaz

La evidencia científica actual indica que los efectos biológicos más relevantes comienzan a observarse a partir de niveles de energía media, generalmente desde valores cercanos a 0,10 mJ/mm².

A medida que aumenta la energía aplicada, también aumentan determinados efectos terapéuticos relacionados con la reducción del dolor y la estimulación de los procesos de reparación tisular.

Por este motivo, muchos protocolos clínicos buscan aplicar la mayor energía que resulte tolerable para el paciente, manteniéndose siempre dentro de rangos seguros para el tejido.

La importancia de la ventana terapéutica

La terapia con ondas de choque no sigue una relación simple donde más energía implique siempre mejores resultados.

La investigación ha demostrado la existencia de una ventana terapéutica óptima, en la que la energía aplicada estimula la respuesta biológica del tejido sin provocar daño celular.

Según la revisión sistemática de Poenaru y colaboradores (2023), niveles de energía media como 0,14 o 0,17 mJ/mm² pueden:

  • aumentar la viabilidad celular de los tenocitos,
  • favorecer la proliferación celular,
  • estimular la neoangiogénesis,
  • incrementar la síntesis de colágeno,
  • y promover la regeneración tisular.

Estos efectos se producen sin alterar negativamente la estructura del tejido tratado.

Qué ocurre cuando la energía es excesivamente elevada

Los mismos autores observaron que energías muy elevadas pueden generar efectos adversos sobre el tejido.

Cuando se supera la dosis biológica óptima pueden aparecer fenómenos como:

  • disminución de la viabilidad celular,
  • alteración de la matriz extracelular,
  • respuestas inflamatorias persistentes,
  • y daño tisular innecesario.

Por ello, el objetivo clínico consiste en encontrar el equilibrio adecuado entre eficacia terapéutica y seguridad biológica.

Relación entre energía aplicada y alivio del dolor

Diversas revisiones sistemáticas recientes han analizado la relación entre la intensidad de las ondas de choque y los resultados clínicos obtenidos.

El metaanálisis de Lippi y colaboradores (2024) encontró una asociación significativa entre una mayor densidad de flujo de energía y una mayor reducción del dolor en pacientes con fasciopatía plantar.

De forma similar, el trabajo de Cortés-Pérez y colaboradores (2024) concluyó que las ondas de choque de alta intensidad, superiores a 0,20 mJ/mm², presentan una elevada eficacia para mejorar el dolor y la función del pie tanto a corto como a medio plazo.

Energía e índice de éxito terapéutico

La revisión bibliográfica de Alcalá-Cruz y colaboradores (2025), basada en estudios previos de Wang y Li, señala que las energías medias y altas ofrecen resultados clínicos especialmente favorables en pacientes con patologías crónicas.

Los autores destacan que:

  • las energías medias muestran una eficacia consistente para reducir el dolor a largo plazo,
  • mientras que las energías altas presentan algunas de las tasas de éxito más elevadas durante los primeros meses tras el tratamiento.

Esto sugiere que la intensidad utilizada puede influir de forma relevante en la respuesta clínica obtenida.

Regeneración estructural del tejido

Además del alivio sintomático, algunos estudios han investigado si diferentes niveles de energía producen cambios reales en la estructura del tejido.

Güzel y colaboradores (2022) compararon tres niveles de energía:

GrupoEnergía aplicada
Baja energía0,09 mJ/mm²
Energía media0,18 mJ/mm²
Alta energía0,38 mJ/mm²

Aunque todos los grupos experimentaron mejoría clínica, únicamente el grupo tratado con alta energía mostró una reducción significativa del grosor patológico de la fascia plantar observado mediante ecografía.

Estos resultados sugieren que niveles más elevados de energía pueden favorecer una respuesta biológica más intensa y una reparación tisular más evidente.

Conclusión

La densidad de flujo de energía es uno de los parámetros más importantes en la terapia con ondas de choque.

La evidencia científica indica que los efectos terapéuticos comienzan a ser especialmente relevantes a partir de energías medias, superiores a 0,10 mJ/mm².

Las energías altas, generalmente por encima de 0,20 mJ/mm², han demostrado una elevada eficacia para reducir el dolor y favorecer la reparación tisular en determinadas patologías musculoesqueléticas.

Por este motivo, muchos protocolos clínicos buscan aplicar la máxima energía que resulte tolerable para el paciente, siempre dentro de rangos seguros y adaptados a cada tejido y situación clínica.

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