Las ondas de choque actúan a nivel celular mediante mecanotransducción, es decir, transforman un estímulo mecánico en respuestas bioquímicas que favorecen la reparación del tejido.
Sus principales efectos fisiológicos son:
- Neovascularización
Estimulan la formación de nuevos vasos sanguíneos mediante el aumento de factores como VEGF y eNOS, mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido lesionado. - Activación celular
Aumentan la actividad y proliferación de células como tenocitos y fibroblastos, favoreciendo la reparación y manteniendo su capacidad normal para producir proteínas reparadoras. - Síntesis de colágeno y remodelación tisular
Promueven la producción de nuevo colágeno. Primero se favorece el colágeno tipo III, que posteriormente madura hacia colágeno tipo I, mejorando la resistencia y organización del tejido. - Modulación antiinflamatoria
Favorecen la liberación de óxido nítrico, aumentan mediadores antiinflamatorios como IL-10 y reducen enzimas degradativas como MMP-1 y MMP-13, ayudando a frenar la degradación del tejido crónico. - Analgesia
Disminuyen el dolor mediante la modulación de los nociceptores, la reducción de mediadores como la Sustancia P y la inhibición de pequeñas fibras nerviosas sensitivas relacionadas con la transmisión dolorosa. - Efecto sobre fibrosis y calcificaciones
Pueden ayudar a fragmentar depósitos de calcio, reducir tejido fibrótico y reactivar procesos de reparación en lesiones crónicas o estancadas. - Producción de lubricina
Aumentan la producción de lubricina, molécula que mejora el deslizamiento de tendones y articulaciones, reduciendo la fricción durante el movimiento.
En conjunto, las ondas de choque favorecen un entorno biológico más activo para la reparación: mejor vascularización, mayor actividad celular, más síntesis de colágeno, menor inflamación, menos dolor y mejor remodelación del tejido.
